En las tradiciones campesinas que me contaba mi papá, una vez me anunció que si escuchaba un zumbido en el oído tenía que quedarme muy quieta, ya que era la muerte que estaba rondando por allí y hay que dejarla pasar…
El departamento era precioso, blanco con clase antigua, grandes columnas y ventanales con balcones románticos que se reflejaban en un edificio moderno lleno de espejos justo al frente, era un sueño, había trabajado tanto para comprarse un departamento a su gusto.
Mujer exitosa en la vida, pero en el amor no mucho, pasaba sola por que tenía muchos proyectos y trabajos, y ahora con su nueva adquisición debía trabajar más para darse el lujo de decorar con los objetos más exquisitos ese lugar de ensueño. Hasta el momento tenía solo una mesa de trabajo que la ubicó justo en un ventanal para trabajar con la luz de día y sentir el fresco atardecer y una cama inmensa llena de almohadas de colores, los demás muebles iría comprando de apoco.
Luego de un extenuante tarde de escribir y trabajar ya entrada la noche se fijó que en el edificio del frente había una luz prendida muy tenue, se fijó que había una silueta de una mujer vestida de blanco, ella apagó la luz para observar mejor a esa mujer, pero estaba inamovible por mucho rato, cuando comenzó a notar que se peinaba el pelo, serenamente, para dar una vuelta muy brusca como si algo la hubiera asustado y se apagó la luz, no pudo ver nada más. En ese preciso instante en que intentaba ver donde estaba esa mujer sintió un zumbido en el oído, pensó que era la presión arterial y necesitaba descansar así que se fue a dormir.
Así comenzó una rutina de espiar a esa vecina de blanco que repetitivamente realizaba la misma acción todos los días y hasta sabía de memoria el momento exacto que después del sexto cepillado de pelo, se asusta y sale corriendo para apagarse la luz, pero lo extraño es que el zumbido venía también acompañado de la escena, pero al contrario de todo lo que era ya habitual, el zumbido cada vez era más fuerte, intenso y duradero.
Por lo mismo decidió ir al doctor para ver ese zumbido extraño que sentía en la noche y ya a esa altura no la dejaba dormir hasta la madrugada, no le encontraron nada, y cada noche el zumbido ya era ensordecedor para ella, la estaba volviendo loca.
Fue así que un día se puso un vestido blanco, para salir y romper esa rutina de espiar a la vecina del frente, fue al balcón para mirar la calle, y sin darse cuenta comenzó a peinarse su larga cabellera, uno, dos, tres, cuatro, cinco y se detuvo para darse cuenta que el reflejo del edificio era ella, se asusto y salió corriendo para alejarse del balcón con el corazón acelerado a mil el zumbido la hacía gritar como una loca por el edificio, los vecinos salían a mirar para ver qué ocurría pero ella estaba ensimismada en su locura de escapar del zumbido de la imagen en ese edificio, solo quería huir.
Subió las escaleras hasta la azotea y el zumbido ya ni siquiera la dejaba oír su respiración, gritaba a todo pulmón pero el zumbido seguía agudo, punzante en su cabeza, desgarrando el cerebro haciéndolo crecer dentro del cráneo, ya no podía más, sin dar un último respiro, saltó al vacío para encontrar la paz, mientras caía su silueta blanca como una paloma volaba junto a ella, era tan placentero, si hubiera durado más tiempo… pero el silencio cayó.
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