Camina siempre mirando el suelo, no levanta la cabeza para mirar a su alrededor, solo mira los zapatos de la gente que pasa por su lado, ella es como el tiempo, solo pasa. Sus pisadas ya no son seguras, ni sus manos son fuertes, solo van al lado de sus muslos balanceándose al compas de su caminar. Sabe lo que viene pero simplemente trata de no pensar, debe seguir caminado hacia su destino ya trazado lentamente.
Hacía ya un par de años que ella se sentía muy mal, eran interminables las noches en que ella lloraba y añoraba al amor de su vida, lo inexplicable es que ese amor estaba justo a su lado, recostado viendo televisión sin saber que ella estaba sufriendo por la necesidad de pasión y ternura. Simplemente dejaba que lo cotidiano fuera matando todo vestigio de amor que alguna vez sintieron ambos.
Al llegar a la puerta de su casa se quedó unos momentos para tomar aire, hacía mucho frio y su respiración se transformaba en pequeños vahos de vapor expulsados lentamente de su boca. Durante todo su recorrido a su hogar no había levantado al cabeza, era hora de enfrentar, era su última vez, era hora de avanzar.
La luz de la puerta le indicó que ya estaba en casa abrió lentamente y efectivamente su figura alta se empinaba hacia ella, no hubo un saludo, no hubo ni un roce, simplemente ella se posó delicadamente en una silla casi a la puerta de salida para decir con voz fuerte y gigante “ya no puedo más”. Él con sus ojos grandes no entendía la actitud menos lo que ella le decía. Nuevamente repitió “ya no puedo más”, continuó después de tragar un poco de saliva, ”nuestro tiempo ya ha pasado, ya no puedo más, solo quiero estar tranquila y descansar”, y como siempre comenzó la vorágine de culparse mutualmente, de escupir a la cara más dolorosas frases de desamor y odio. En un pequeño sosiego ella reflexionó y tomó su rumbo nuevamente, tenía que finiquitar todo, terminar de una vez esta angustia.
Le dio la espalda para no verle la cara una vez que le dijera su decisión, tragó un poco de saliva y pausadamente dijo: “Esto ya se terminó” y cerró sus ojos dando un suspiro de alivio. Él con la ira a flor de piel tomó lo primero que encontró a mano, un largo jarrón de vidrio, lo quebró, con el golpe del vidrio ella giró todo en cámara lenta para ver a ese ser que amó tanto abalanzarse con una cara que jamás vio antes. Sintió un apretón en su pecho, sangre, un vidrio y la mano del hombre que tantas veces recorrió su cuerpo con ternura. Levantó la mirada y solo podía a ver a otra persona que no era con quien compartió tantos años, tantos recuerdos. Esa persona ya no estaba y solo era un demonio encarnado. Sintió en la tibieza del momento un sueño placentero, cayó al suelo para descansar un poco y nuevamente repitió su meta: “nuestro tiempo ya pasó, todo terminó es hora de avanzar” para finalmente morir con la esperanza de que en otra vida todo será mejor.