No se rían mi padre trabajó en Humberston (para que no calculen la edad), fue patiperro y yendo de acá para allá llego al desierto a trabajar como minero.
Me contó que estaba de noche en esa época solo había chonchones para iluminarse y dormían en una pieza que solo habían camas como literas donde dormían distribuidas cinco personas. Ya estaban por irse a dormir todos cuando sintieron a una mujer llorar desconsoladamente. El más viejo de todos les advirtió que era la llorona que mejor se acostaban luego sin hacer ruido y apagar las luces. Pero como en todo lugar hay un hombre porfiado y valentón, no dio caso al consejo del viejo minero y con voz prepotente dijo que “iba a mear por que no creía en esas cosas”.
Se demoró bastante en llegar y ya todos estaban acostados, solo un chonchón iluminaba la pieza y estaba en el suelo para que la llorona no viera donde estaba ubicada la cabaña según el viejo. Uno de ellos dijo - se esta demorando mucho el compadre mejor lo voy a buscar, me asomaré despacio – y se levantó.
A todo esto mi papá no quiso levantarse por miedo ya que los viejos son sabios, siempre me lo dice.
Cuando abrió la puerta lento y todos miraron hacia afuera sorprendidos ya que estaba el pobre hombre blanco como un papel en el umbral de la puerta y calló seco al medio de la habitación. Se levantaron para atenderlo, le dieron un trago fuerte de alcohol para que reaccionara y contara que era lo que había visto. Solo tartamudeo y repetía una y otra vez que era un mono grande... el perro.
De apoco recobró la conciencia y comenzó a contar lo que había visto. Había caminado bastante hasta que encontró un buen lugar para hacer sus necesidades, vio a lo lejos un perro buscando comida, con un silbido lo llamó, venía corriendo hacia él, cuando una figura gigantesca con el pelo tan largo que arrastraba el suelo agarró al pobre perro y dos manotazos lo partió por la mitad y se lo devoró. El pobre hombre se le cortó la inspiración y se fue caminando lentamente hacia atrás mirando como ese monstruo se devoraba al animalito hasta que llegó a la puerta y recordó las palabras del viejo que no había que meter ruido. Apenas golpeo la puerta, para que el monstruo no lo sintiera, nuevamente escuchó el llanto lamentoso de la llorona y un viento helado le corrió la espalda, se quedó quiero sin mirar atrás, sin respirar hasta que el llanto se fue cada vez más lejos.
Al otro día, ya descansados y después de haber escuchado al hombre su historia que muchos no creyeron, emprendieron el camino a la mina, no pasó mucho rato de caminar cuando encontraron los restos del perro que el hombre vio, todos ellos se quedaron en silencio y siguieron su camino sin emitir ningún comentario.
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