Era casi de madrugada, estaba sola por que no quiso venirse con sus amigos, y quería seguir pinchando con el chico que había bailado toda la noche.
En el norte de Chile, es costumbre que en las madrugadas casi cuatro de la mañana hay mucha niebla; le dicen la camanchaca, es tan espesa que no se puede mirar mas allá de dos pisadas adelante. Ella sabía que a penas vería donde está su casa pero como el encuentro era más importante, eso no le susto.
Principió a caminar, firme mirando el suelo para no caer a un oyó o tropezar con alguna piedra. El silencio en la niebla es sobrecogedor, solo se siente los pasos, la respiración y el sonido cae en seco. Se dio cuenta que estaba caminado demasiado para llegar y no avanzaba mucho, se acercó a una reja para observar cuanto más le faltaba, pero no reconoció nada. Siguió caminando con preocupación ya que ninguna parte le parecía familiar su respiración estaba cada vez más agitada.
Ya nada era reconocible, todo rastro de civilización desaparecía, se devolvió para preguntar en alguna casa pero ya no había camino, veredas, luces o rejas de colores para identificar algo, nada existía, todo era obscuridad, grito fuerte para ver si alguien salía en su ayuda pero fue en vano, no se oía nada, excepto su desesperada respiración.
Se quedó quieta, mantuvo su aliento repentinamente sintió un fuerte empujón, luego un golpe, miraba aterrada de donde provenían esos ataques pero no veía nada. Comenzó agitar los brazos tratando de disipar la niebla, tratando de defenderse como si eso sirviera de algo, pero cada vez los golpes fueron empeorando, hasta que sintió una mordedura en su pierna, con el bolso intento defenderse pero no veía quien era el agresor, ya era demasiado tarde, sentía como su cuerpo ardía de las mordeduras de ese extraño animal, hasta ya no sentir nada. Todo se desvaneció.
Durante la tarde del día siguiente encontraron el cuerpo destrozado de una joven en el desierto, según lo que indicaba la policía, fueron mordeduras de perros los que dieron muerte a la muchacha, es lo que les dijeron a los familiares y noticieros, pero el reporte entregado por el Servicio Medico Legal y el cual nunca dieron a conocer para no realizar investigaciones, ni provocar alerta en la población, informaron que las mordeduras eran de seres humanos, pero muy pequeños, como mordeduras de niños, los cuales tenían excesiva fuerza para desgarrar la carne, no quisieron saber la verdad, si fueron perros, duendes o quien sabe, quizás pequeñas almas de abortos que ocurren tanto en el norte de chile y que están deseosas de vida.
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