En chile que se movía a caballo, donde no existían los autos, ni pensaban en toda esta tecnología que nos rodea, un hombre campesino trabaja arduamente en Salamanca, un pueblo en la cuarta región conocida por sus brujos y millones de historias entorno al diablo, estaba contento por que era día de pago y le darían más de la cuenta por haber trabajado más y haber ayudado al patrón a arreglar el techo. Había invitado a unos amigos a tomarse unas cañitas al pueblo después de la jornada, así que le puso más empeño y trabajaba feliz.
Ya terminaron toda su labor y se reunieron a la salida de la casa patronal, los tres hombres salieron en sus respectivos caballos a celebrar esas moneditas de más y obviamente la invitación de su amigo. Galopando llegaron al pueblo, ya estaba oscureciendo pero como habían avisado en sus casas la noche estaba iniciando para la tomatera.
Se sentaron en la barra para conversar con el dueño del lugar y contar historias de esas que solo en Salamanca se cuentan, brindaron, tomaron, se reían y hasta lloraban, todo era festivo en ese momento, le felicitaban por haber ganado tanto dinero y por haber invitado los tragos.
Cerca de allí unos hombres escuchaban sobre la buena fortuna del comensal, solo con miradas se pusieron de acuerdo para asaltarlo cuando saliera.
Así entró pasada la media noche cuando los festivaleros hombres decidieron retirarse, ya estaban bastante mareados y tenían mucho camino por delante. A penas pudieron subirse a sus caballos, los tres amigos se despidieron yendo en direcciones opuestas, los maleantes siguieron al festejado, sabían que tenía mucho dinero los otros no valían la pena.
Ya alejado del pueblo y camino a su casa el hombre cantaba a viva voz con ese tono embriagado que daba risa escucharlo, no se dio cuenta que lo seguían de muy cerca. Hasta que se bajó para hacer sus necesidades y al terminar vio a los hombres escondidos, con el susto se le pasó hasta la curadera, subió raudo su caballo y un solo golpe hizo que el caballo corriera todo lo que da. Los hombres lo persiguieron, dos dijeron que tomarían un atajo para alcanzarlo antes del puente y los otros dos continuaban el camino.
Corrían como condenados, el pobre hombre a penas podía mirar hacia atrás, sabía que pasando el puente podía salvarse pero faltaba un tramo largo, cuando ya iba llegando vio a los dos hombres en la entrada del puente, se fijó hacia atrás y los otros dos ya le daban alcance. Paró en seco y grito: “Si no me ayuda Dios ¡que el diablo me ayude!”. Todo se obscureció, la luna no iluminaba nada, el caballo comenzó a exhalar vapor, como si estuviera en un frio inmenso, una niebla comenzó a salir desde el suelo y sintió que algo lo agarraba de la parte de atrás del cuello que lo elevó con caballo incluido miró hacia abajo a los dos ladrones que estaban en la entrada del puente y lo posaron lentamente al otro lado del puente. Los ladrones corrieron despavoridos exclamando que era el diablo. El pobre hombre se quedó quieto mirando del otro lado del puente como todos salían gritando, estaba pasmado ni siquiera miró hacia atrás para ver qué cosa lo había ayudado. Lentamente agarró su caballo y siguió su camino.
¿Quién lo ayudó? Nadie supo…
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