miércoles, 25 de mayo de 2011

Despierta

En una ciudad de México llamada Guanajuato, contaba la leyenda que los muertos caminaban en las noches, nadie visitaba el cementerio a esas horas para no escuchar los horrendos gritos y pasos que hacían estremecer a los que merodeaba el lugar.

En esa época, donde no existía la tecnología y ni se pensaba en tener luces eléctricas, José vivía feliz junto a su mujer, pronto tendrían a su primer hijo en pocos días, ya que su pansa estaba tan grande, además la matrona del rural pueblo, ya había pronosticado que en una semana el pequeño nacería. José añoraba tener a su hijo en los brazos, lo imaginaba jugando cerca donde él trabajaba, por que no quería despegarse de él cuando naciera, hasta había pedido permiso al dueño del predio para que lo dejara cuidar a su primogénito, tenía todo previsto, también se preparó comprando un burrito para llevarlo, ya que tendrían un largo camino desde la casa al trabajo y viceversa.

Se hacía de noche y ya era hora de retornar al hogar, José tomó su bolso y emprendió camino, miraba las estrellas pensando en su bebé, todo le parecía hermoso. A lo lejos vio su casa, una luz de vela lo esperaba en la ventana, sabía que su mujer lo esperaba con comida caliente, tenía ganas de volar para estar en un segundo allá. Al abrir la puerta descubrió que su mujer estaba tirada en el suelo con los ojos y la boca abierta, corrió a verla, pero no había signos vitales, estaba devastado, no podía con el dolor, corrió donde un vecino pidiendo ayuda pero ya era demasiado tarde, su mujer y su hijo estaban muertos.

Fue una ceremonia muy triste, José se quedaba completamente solo y con sus sueños completamente rotos, quedó mirando la tumba de su mujer, no encontraba consuelo, se quedó sentada al lado de la tumba, inamovible, todos sus amigos intentaron llevárselo, pero el no quiso, solo miraba el suelo buscando alguna explicación.

No se dio cuenta cuando cayó la noche, no había ni un alma cerca, levantó levemente la cabeza y recibió un viento fresco sobre sus lágrimas, cerró los ojos y sintió un sonido fuerte, abrió de golpe para nuevamente sentir como unos pasos luego unos gritos desgarradores y hasta escuchó su nombre, se acordó de la historia del cementerio y con mucho susto corrió hasta su hogar.

Pasaron muchos años, tantos que José ya caminaba inclinado y su arrugada piel demostraba que sus 90 años no pasaban en vano, él nunca se pudo recuperar de la muerte de su esposa, siempre la visitaba en ese árido cementerio que estaba abandonado, solamente él dejaba flores frescas, todo el pueblo ya no enterraba a sus muertos allí estaba sobrepoblado. Un día escuchó que unos arqueólogos estaban escavando las tumbas en busca de tesoros, con curiosidad fue al cementerio, total si le decían algo el podía explicar que su esposa yacía en ese lugar. Temblorosamente vio como estaban escavando, habló con uno de los trabajadores, él le explicaba que los cuerpos estaban muy bien conservados gracias a lo seco y salado del lugar, los cuerpos servirían para investigaciones.

Ni siquiera advirtió que estaban escavando en la tumba de su mujer, por que estaba distraído con el trabajador que le explicaba que había visto muchos cuerpos los cuales los habían enterrado vivos, se podía deducir por que no estaban en posición de descanso, si no que estaban con sus facciones desfiguradas, brazos y piernas fuera de su lugar, no tenían uñas de tanto rasguñar el ataúd para poder salir. Estaban en eso cuando un excavador llamó al trabajador para que viera lo horroroso de lo descubierto, José al ver que era la tumba de su mujer tembló más aún, caminó despacio detrás del trabador que corría para quedarse pasmado delante del agujero, lentamente el pobre anciano asomó su cabeza y observó lo que se había imaginado.

Las historiad de los pasos eran los golpes de la gente que pedía ayuda para salir y esa noche cuando sintió los golpes, eran de su mujer que había despertado, lo llamaba para que la sacara de la tumba pero él pensando que eran espíritus huyó. Vio a su mujer momificada, con su mandíbula abierta y facciones de gran sufrimiento, entre sus manos y aun unidos con el cordón umbilical un pequeño bebé disecado. Fue tanto el impacto que José murió en ese instante, los arqueólogos después se enteraron que él desgastado anciano fue el esposo de la momia más impactante del Museo de las Momias de Guanajuato.
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Más de alguna a escuchado que han enterrado gente viva, dile a tus amigos o familiares que si algún día te encuentran muerta, que te entierren una aguja de 30 centímetros en el talón con dirección a la rodilla, si no sangras, estas muerta, pero si sangras… diles que no te entierren….

Les dejo la dirección de la página web para que vean algo de la colección de las momias de Guanajuato, la momia más impactante es la que dio pie a esta historia, ojalá les haya gustado como siempre….

www.momiasdeguanajuato.gob.mx

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