En un pequeño pueblito de España, una señora bajita, gordita por sus años y analfabeta cocinaba tranquilamente en su casa, pero dentro de esa coraza rechonchita y de buen vivir se escondía una señora de gran soledad. Sus hijos ya habían crecido su esposo estaba muy anciano y era muy poco lo que conversaban por que a penas le podía escuchar. Su soledad la estaba embargando mientras cocinaba en el sartén, sus ojitos cansados se llenaban de lágrimas de apoco, quería desahogarse, al suspirar miró fijamente la pared y notó una figura, era una cara dibujada que le sonreía amablemente, ella en ese instante se asustó, luego reflexionó y pensó que sus hijos le hicieron esa mala broma. Sacó lo que estaba cocinando y se puso a limpiar pero no hubo líquido limpiador que pudo borrar esa cara que a esa altura le estaba dando miedo por que la miraba fijamente. No le quiso dar más importancia y siguió con sus quehaceres.
Ya en el atardecer nuevamente fue a cocinar para preparar la cena a sus hijos que la visitaban sagradamente todos los días, aprovecharía de darles un buen reto por dejarle la cocina con ese mono feo. Al encender la luz vio como habían más figuras pero todas distintas, unas de unos pequeños niños, otras mujeres y hombres repartidas por las murallas, el suelo y techo. Salió gritando a pedir ayuda ya que sabía que esto no era obra de sus hijos, si no de algo paranormal, los vecinos corrieron a ver el suceso, y todos quedaban impresionados con las figuras.
Un grupo se reunió para averiguar qué cosa eran esas figuras que se dibujaban de la humedad de la casa, rompieron muchas murallas intentando sacar esas imágenes, volvieron a empastar, pero en menos de una semana volvían a surgir con más fuerza y en mayor cantidad. Corrió la voz hasta los periódicos hasta se habló de que era una puerta al infierno y las almas se manifestaban en dibujos. Vinieron muchos investigadores, hasta parasicólogos, tomaron muestras, hasta que pudieron obtener el permiso para remover el suelo. Lamentablemente encontraron muchos huesos, pero que databan de muchos años, investigaron y llegaron a la conclusión de que era una antigua iglesia donde se realizaban entierros como era la costumbre antigua, sacaron los huesos, hicieron misas, bendijeron, exorcizaron, pero nada de lo que hicieron logró desvanecer esas imágenes. Había tanta expectación y curiosidad que la alcaldía hartos de todo este embrollo decidieron anunciar en la prensa que todo era un fraude destruyendo la ilusión de la gente y dejando en ridículo a la pobre anciana de esa enigmática casa.
Pasaron los años la anciana ya había fallecido y los científicos paranormales retomaron el caso, con estupor vieron que todas las imágenes que habían en la casa estaban tristes ya no sonreían como en las primeras fotos que habían sacado, y cada vez estaban más débiles a penas se podían ver. Fue entonces cuando se dieron cuenta que esas almas, solo aparecían en presencia de la anciana, se habían manifestado para que no se sintiera sola, y así fue, ya que mucha gente visitó el lugar y aún sigue yendo para ver lo que queda de las caras de Bélmez.
Si alguna se siente sola, que mire en los rincones en una de esas podrás ver algún alma que quiera hacerte compañía para que no estés solita.
Si les gustó la historia pueden ver la historia original en esta dirección, lo encontré interesantísimo pero creo que hay que investigar más…: http://www.verdadoleyendas.es/?p=25
miércoles, 25 de mayo de 2011
Salamanca
En chile que se movía a caballo, donde no existían los autos, ni pensaban en toda esta tecnología que nos rodea, un hombre campesino trabaja arduamente en Salamanca, un pueblo en la cuarta región conocida por sus brujos y millones de historias entorno al diablo, estaba contento por que era día de pago y le darían más de la cuenta por haber trabajado más y haber ayudado al patrón a arreglar el techo. Había invitado a unos amigos a tomarse unas cañitas al pueblo después de la jornada, así que le puso más empeño y trabajaba feliz.
Ya terminaron toda su labor y se reunieron a la salida de la casa patronal, los tres hombres salieron en sus respectivos caballos a celebrar esas moneditas de más y obviamente la invitación de su amigo. Galopando llegaron al pueblo, ya estaba oscureciendo pero como habían avisado en sus casas la noche estaba iniciando para la tomatera.
Se sentaron en la barra para conversar con el dueño del lugar y contar historias de esas que solo en Salamanca se cuentan, brindaron, tomaron, se reían y hasta lloraban, todo era festivo en ese momento, le felicitaban por haber ganado tanto dinero y por haber invitado los tragos.
Cerca de allí unos hombres escuchaban sobre la buena fortuna del comensal, solo con miradas se pusieron de acuerdo para asaltarlo cuando saliera.
Así entró pasada la media noche cuando los festivaleros hombres decidieron retirarse, ya estaban bastante mareados y tenían mucho camino por delante. A penas pudieron subirse a sus caballos, los tres amigos se despidieron yendo en direcciones opuestas, los maleantes siguieron al festejado, sabían que tenía mucho dinero los otros no valían la pena.
Ya alejado del pueblo y camino a su casa el hombre cantaba a viva voz con ese tono embriagado que daba risa escucharlo, no se dio cuenta que lo seguían de muy cerca. Hasta que se bajó para hacer sus necesidades y al terminar vio a los hombres escondidos, con el susto se le pasó hasta la curadera, subió raudo su caballo y un solo golpe hizo que el caballo corriera todo lo que da. Los hombres lo persiguieron, dos dijeron que tomarían un atajo para alcanzarlo antes del puente y los otros dos continuaban el camino.
Corrían como condenados, el pobre hombre a penas podía mirar hacia atrás, sabía que pasando el puente podía salvarse pero faltaba un tramo largo, cuando ya iba llegando vio a los dos hombres en la entrada del puente, se fijó hacia atrás y los otros dos ya le daban alcance. Paró en seco y grito: “Si no me ayuda Dios ¡que el diablo me ayude!”. Todo se obscureció, la luna no iluminaba nada, el caballo comenzó a exhalar vapor, como si estuviera en un frio inmenso, una niebla comenzó a salir desde el suelo y sintió que algo lo agarraba de la parte de atrás del cuello que lo elevó con caballo incluido miró hacia abajo a los dos ladrones que estaban en la entrada del puente y lo posaron lentamente al otro lado del puente. Los ladrones corrieron despavoridos exclamando que era el diablo. El pobre hombre se quedó quieto mirando del otro lado del puente como todos salían gritando, estaba pasmado ni siquiera miró hacia atrás para ver qué cosa lo había ayudado. Lentamente agarró su caballo y siguió su camino.
¿Quién lo ayudó? Nadie supo…
Ya terminaron toda su labor y se reunieron a la salida de la casa patronal, los tres hombres salieron en sus respectivos caballos a celebrar esas moneditas de más y obviamente la invitación de su amigo. Galopando llegaron al pueblo, ya estaba oscureciendo pero como habían avisado en sus casas la noche estaba iniciando para la tomatera.
Se sentaron en la barra para conversar con el dueño del lugar y contar historias de esas que solo en Salamanca se cuentan, brindaron, tomaron, se reían y hasta lloraban, todo era festivo en ese momento, le felicitaban por haber ganado tanto dinero y por haber invitado los tragos.
Cerca de allí unos hombres escuchaban sobre la buena fortuna del comensal, solo con miradas se pusieron de acuerdo para asaltarlo cuando saliera.
Así entró pasada la media noche cuando los festivaleros hombres decidieron retirarse, ya estaban bastante mareados y tenían mucho camino por delante. A penas pudieron subirse a sus caballos, los tres amigos se despidieron yendo en direcciones opuestas, los maleantes siguieron al festejado, sabían que tenía mucho dinero los otros no valían la pena.
Ya alejado del pueblo y camino a su casa el hombre cantaba a viva voz con ese tono embriagado que daba risa escucharlo, no se dio cuenta que lo seguían de muy cerca. Hasta que se bajó para hacer sus necesidades y al terminar vio a los hombres escondidos, con el susto se le pasó hasta la curadera, subió raudo su caballo y un solo golpe hizo que el caballo corriera todo lo que da. Los hombres lo persiguieron, dos dijeron que tomarían un atajo para alcanzarlo antes del puente y los otros dos continuaban el camino.
Corrían como condenados, el pobre hombre a penas podía mirar hacia atrás, sabía que pasando el puente podía salvarse pero faltaba un tramo largo, cuando ya iba llegando vio a los dos hombres en la entrada del puente, se fijó hacia atrás y los otros dos ya le daban alcance. Paró en seco y grito: “Si no me ayuda Dios ¡que el diablo me ayude!”. Todo se obscureció, la luna no iluminaba nada, el caballo comenzó a exhalar vapor, como si estuviera en un frio inmenso, una niebla comenzó a salir desde el suelo y sintió que algo lo agarraba de la parte de atrás del cuello que lo elevó con caballo incluido miró hacia abajo a los dos ladrones que estaban en la entrada del puente y lo posaron lentamente al otro lado del puente. Los ladrones corrieron despavoridos exclamando que era el diablo. El pobre hombre se quedó quieto mirando del otro lado del puente como todos salían gritando, estaba pasmado ni siquiera miró hacia atrás para ver qué cosa lo había ayudado. Lentamente agarró su caballo y siguió su camino.
¿Quién lo ayudó? Nadie supo…
Reflejo
Siempre ese espejo había estado en la habitación de su abuela, no el gustaba entrar a ese lugar por que lo encontraba hediondo. Su abuela había muerto hace muy poco, sus hijos se repartieron hasta el último calcetín de esa pieza. Se acordó de eso cuando encontró en su habitación el espejo de madera tallado y con patas largas.
Su madre se lo regaló y le dio la sorpresa, le dijo que no entraba en ningún lugar más que en su pieza así que como estaba en la adolescencia podría mirarse todo el tiempo que quisiera, pero ella no era pretenciosa, pero lo dejó de todas maneras por que era muy hermoso, pero algo le incomodaba, quizás era la idea de que era de su abuela. Se le ocurrió colocarle unas gasas de colores alrededor para que no se viera tan avejentado y quitarle esa sensación extraña, una vez decorado, de acostó por que ya era demasiado tarde.
Estaba durmiendo plácidamente cuando alguien le susurró al oído, era una voz de mujer, no alcanzó a escuchar bien y quiso abrir los ojos pero no pudo, era como esas pesadillas típicas donde no te puedes despertar, intentó gritar pero ningún músculo de de su cuerpo, sintió como unas manos que la presionaban y la hacían enterrarse en la cama, ese momento fue de tanta desesperación que al abrir los ojos, saltó de la cama como cuando se sumerge una pelota en el agua (*). Miro alrededor no había nada, estaba tan asustada que jadeaba al respirar, se levantó buscó por todas partes pero no había nada. Luego más tranquila, pensó que era un sueño y siguió durmiendo, no sin antes hacer unos rezos por si era un espíritu malo.
Al levantarse su madre la despertó, cuando se incorporó le preguntó por que su camisa de dormir estaba sucia, al fijarse efectivamente era como si hubiera estado en el suelo, no le dio importancia, quizás no se dio cuenta que la camisa estaba ya sucia. Durante el día no hubo muchas cosas extraordinarias y el susto solo se limitó a un simple sueño, pero a la hora de once lo comentó a su madre en la mesa. Al escuchar su relato dijo: “ahora te tocó a ti”.
La madre comenzó su relato diciendo que nadie se quería llevar el espejo por que su abuela dijo que estaba maldito, había sido utilizado por su abuelo para hacer un pacto con el diablo, pero el abuelo al poco tiempo falleció y el espejo parecía que cobraba vida propia en la noche, pero ella nunca vio nada, ni sintió nada, así que no hizo caso y se trajo el famoso espejo. Acordaron dejarlo en una habitación donde guardaban cachureos. Pero esa noche ella tenía unas inmensas ganas de ver el espejo y saber que había pasado, ¿sería verdad eso del pacto con el diablo? Silenciosamente fue hasta la pieza de los cachureos a ver el espejo, abrió muy despacio y cerró con pestillo para que su madre no la sorprendiese haciendo maldades.
Se colocó delante del espejo, se observó largamente pero no encontraba nada raro, hasta que se fijo que sus ojos no eran los mismos, eran como sombríos, daban miedo, mucho miedo, tanto que dio un paso atrás pero su figura no se movió, al contrario seguía en la misma posición y mirándola fijó con unos ojos de odio impresionante, se llevó las manos a la boca y ningún movimientos repetía su reflejo, se acercó nuevamente para ver si era un truco y al acercarse sus manos reflejadas la tomaron del cuello y la comenzaron a ahorcar, pasa zafarse se tiró al suelo para ver que su reflejo ahora estaba haciendo lo que ella hacía, se levantó rápidamente para tomar un palo y hacer mierda ese espejo, buscó y encontró una pata de mesa, con un buen golpe acabaría todo, pero al enfrentarse nuevamente al espejo ya no estaba su figura, solo veía las cosas que estaban a su alrededor. Se acercó lentamente, mirando si estaba su silueta pero nada, cada vez se acercaba más y más y sin aviso un golpe brutal hizo azotar su cabeza contra el espejo.
Al despertar le dolía mucho su cabeza, se tocó la frente y vio que el espejo estaba roto, -¡lo logré!- pensó y de pronto vio en el reflejo a su madre con ella y esos ojos malignos en el reflejo, no lo podía creer, golpeó el espejo y se fijo en el entorno todo estaba volteado, al revés de cómo estaba la habitación, aguantó la respiración solo para darse cuenta que ella estaba en el reflejo y ese ser maligno con su madre, golpeo miles de veces para que su madre la escuchara pero no hubo respuesta, el espejo estaba roto y no la podía ver, entendió que jamás podría salir de allí, con mucho cariño acarició el reflejo de su madre que limpiaba los trozos de vidrio regados en el suelo, con enojo se despidió de su reflejo que se reía a espaldas de la madre, tomó un vidrió y se lo enterró para entrar a la eterna oscuridad.
¡Despierta!, abrió los ojos y era su madre que le acariciaba dulcemente el pelo para despertarla, la abrazó con fuerza,- ¡era una pesadilla!- gritó con alegría, y la miró a los ojos para decirle cuando la amaba, al fijarse no encontró los ojos bondadosos de su madre, si no esos ojos malignos, de un solo saltó se escurrió hacia atrás y grito: ¡tu no eres mi madre!... y con una sonrisa malévola le respondió: “no lo soy, pero tu sangre me debe una cuenta pendiente, un alma y tomaré la tuya… ¡Bienvenida al infierno!”.
Los pactos se cumplen, tarde o temprano.
Su madre se lo regaló y le dio la sorpresa, le dijo que no entraba en ningún lugar más que en su pieza así que como estaba en la adolescencia podría mirarse todo el tiempo que quisiera, pero ella no era pretenciosa, pero lo dejó de todas maneras por que era muy hermoso, pero algo le incomodaba, quizás era la idea de que era de su abuela. Se le ocurrió colocarle unas gasas de colores alrededor para que no se viera tan avejentado y quitarle esa sensación extraña, una vez decorado, de acostó por que ya era demasiado tarde.
Estaba durmiendo plácidamente cuando alguien le susurró al oído, era una voz de mujer, no alcanzó a escuchar bien y quiso abrir los ojos pero no pudo, era como esas pesadillas típicas donde no te puedes despertar, intentó gritar pero ningún músculo de de su cuerpo, sintió como unas manos que la presionaban y la hacían enterrarse en la cama, ese momento fue de tanta desesperación que al abrir los ojos, saltó de la cama como cuando se sumerge una pelota en el agua (*). Miro alrededor no había nada, estaba tan asustada que jadeaba al respirar, se levantó buscó por todas partes pero no había nada. Luego más tranquila, pensó que era un sueño y siguió durmiendo, no sin antes hacer unos rezos por si era un espíritu malo.
Al levantarse su madre la despertó, cuando se incorporó le preguntó por que su camisa de dormir estaba sucia, al fijarse efectivamente era como si hubiera estado en el suelo, no le dio importancia, quizás no se dio cuenta que la camisa estaba ya sucia. Durante el día no hubo muchas cosas extraordinarias y el susto solo se limitó a un simple sueño, pero a la hora de once lo comentó a su madre en la mesa. Al escuchar su relato dijo: “ahora te tocó a ti”.
La madre comenzó su relato diciendo que nadie se quería llevar el espejo por que su abuela dijo que estaba maldito, había sido utilizado por su abuelo para hacer un pacto con el diablo, pero el abuelo al poco tiempo falleció y el espejo parecía que cobraba vida propia en la noche, pero ella nunca vio nada, ni sintió nada, así que no hizo caso y se trajo el famoso espejo. Acordaron dejarlo en una habitación donde guardaban cachureos. Pero esa noche ella tenía unas inmensas ganas de ver el espejo y saber que había pasado, ¿sería verdad eso del pacto con el diablo? Silenciosamente fue hasta la pieza de los cachureos a ver el espejo, abrió muy despacio y cerró con pestillo para que su madre no la sorprendiese haciendo maldades.
Se colocó delante del espejo, se observó largamente pero no encontraba nada raro, hasta que se fijo que sus ojos no eran los mismos, eran como sombríos, daban miedo, mucho miedo, tanto que dio un paso atrás pero su figura no se movió, al contrario seguía en la misma posición y mirándola fijó con unos ojos de odio impresionante, se llevó las manos a la boca y ningún movimientos repetía su reflejo, se acercó nuevamente para ver si era un truco y al acercarse sus manos reflejadas la tomaron del cuello y la comenzaron a ahorcar, pasa zafarse se tiró al suelo para ver que su reflejo ahora estaba haciendo lo que ella hacía, se levantó rápidamente para tomar un palo y hacer mierda ese espejo, buscó y encontró una pata de mesa, con un buen golpe acabaría todo, pero al enfrentarse nuevamente al espejo ya no estaba su figura, solo veía las cosas que estaban a su alrededor. Se acercó lentamente, mirando si estaba su silueta pero nada, cada vez se acercaba más y más y sin aviso un golpe brutal hizo azotar su cabeza contra el espejo.
Al despertar le dolía mucho su cabeza, se tocó la frente y vio que el espejo estaba roto, -¡lo logré!- pensó y de pronto vio en el reflejo a su madre con ella y esos ojos malignos en el reflejo, no lo podía creer, golpeó el espejo y se fijo en el entorno todo estaba volteado, al revés de cómo estaba la habitación, aguantó la respiración solo para darse cuenta que ella estaba en el reflejo y ese ser maligno con su madre, golpeo miles de veces para que su madre la escuchara pero no hubo respuesta, el espejo estaba roto y no la podía ver, entendió que jamás podría salir de allí, con mucho cariño acarició el reflejo de su madre que limpiaba los trozos de vidrio regados en el suelo, con enojo se despidió de su reflejo que se reía a espaldas de la madre, tomó un vidrió y se lo enterró para entrar a la eterna oscuridad.
¡Despierta!, abrió los ojos y era su madre que le acariciaba dulcemente el pelo para despertarla, la abrazó con fuerza,- ¡era una pesadilla!- gritó con alegría, y la miró a los ojos para decirle cuando la amaba, al fijarse no encontró los ojos bondadosos de su madre, si no esos ojos malignos, de un solo saltó se escurrió hacia atrás y grito: ¡tu no eres mi madre!... y con una sonrisa malévola le respondió: “no lo soy, pero tu sangre me debe una cuenta pendiente, un alma y tomaré la tuya… ¡Bienvenida al infierno!”.
Los pactos se cumplen, tarde o temprano.
Despierta
En una ciudad de México llamada Guanajuato, contaba la leyenda que los muertos caminaban en las noches, nadie visitaba el cementerio a esas horas para no escuchar los horrendos gritos y pasos que hacían estremecer a los que merodeaba el lugar.
En esa época, donde no existía la tecnología y ni se pensaba en tener luces eléctricas, José vivía feliz junto a su mujer, pronto tendrían a su primer hijo en pocos días, ya que su pansa estaba tan grande, además la matrona del rural pueblo, ya había pronosticado que en una semana el pequeño nacería. José añoraba tener a su hijo en los brazos, lo imaginaba jugando cerca donde él trabajaba, por que no quería despegarse de él cuando naciera, hasta había pedido permiso al dueño del predio para que lo dejara cuidar a su primogénito, tenía todo previsto, también se preparó comprando un burrito para llevarlo, ya que tendrían un largo camino desde la casa al trabajo y viceversa.
Se hacía de noche y ya era hora de retornar al hogar, José tomó su bolso y emprendió camino, miraba las estrellas pensando en su bebé, todo le parecía hermoso. A lo lejos vio su casa, una luz de vela lo esperaba en la ventana, sabía que su mujer lo esperaba con comida caliente, tenía ganas de volar para estar en un segundo allá. Al abrir la puerta descubrió que su mujer estaba tirada en el suelo con los ojos y la boca abierta, corrió a verla, pero no había signos vitales, estaba devastado, no podía con el dolor, corrió donde un vecino pidiendo ayuda pero ya era demasiado tarde, su mujer y su hijo estaban muertos.
Fue una ceremonia muy triste, José se quedaba completamente solo y con sus sueños completamente rotos, quedó mirando la tumba de su mujer, no encontraba consuelo, se quedó sentada al lado de la tumba, inamovible, todos sus amigos intentaron llevárselo, pero el no quiso, solo miraba el suelo buscando alguna explicación.
No se dio cuenta cuando cayó la noche, no había ni un alma cerca, levantó levemente la cabeza y recibió un viento fresco sobre sus lágrimas, cerró los ojos y sintió un sonido fuerte, abrió de golpe para nuevamente sentir como unos pasos luego unos gritos desgarradores y hasta escuchó su nombre, se acordó de la historia del cementerio y con mucho susto corrió hasta su hogar.
Pasaron muchos años, tantos que José ya caminaba inclinado y su arrugada piel demostraba que sus 90 años no pasaban en vano, él nunca se pudo recuperar de la muerte de su esposa, siempre la visitaba en ese árido cementerio que estaba abandonado, solamente él dejaba flores frescas, todo el pueblo ya no enterraba a sus muertos allí estaba sobrepoblado. Un día escuchó que unos arqueólogos estaban escavando las tumbas en busca de tesoros, con curiosidad fue al cementerio, total si le decían algo el podía explicar que su esposa yacía en ese lugar. Temblorosamente vio como estaban escavando, habló con uno de los trabajadores, él le explicaba que los cuerpos estaban muy bien conservados gracias a lo seco y salado del lugar, los cuerpos servirían para investigaciones.
Ni siquiera advirtió que estaban escavando en la tumba de su mujer, por que estaba distraído con el trabajador que le explicaba que había visto muchos cuerpos los cuales los habían enterrado vivos, se podía deducir por que no estaban en posición de descanso, si no que estaban con sus facciones desfiguradas, brazos y piernas fuera de su lugar, no tenían uñas de tanto rasguñar el ataúd para poder salir. Estaban en eso cuando un excavador llamó al trabajador para que viera lo horroroso de lo descubierto, José al ver que era la tumba de su mujer tembló más aún, caminó despacio detrás del trabador que corría para quedarse pasmado delante del agujero, lentamente el pobre anciano asomó su cabeza y observó lo que se había imaginado.
Las historiad de los pasos eran los golpes de la gente que pedía ayuda para salir y esa noche cuando sintió los golpes, eran de su mujer que había despertado, lo llamaba para que la sacara de la tumba pero él pensando que eran espíritus huyó. Vio a su mujer momificada, con su mandíbula abierta y facciones de gran sufrimiento, entre sus manos y aun unidos con el cordón umbilical un pequeño bebé disecado. Fue tanto el impacto que José murió en ese instante, los arqueólogos después se enteraron que él desgastado anciano fue el esposo de la momia más impactante del Museo de las Momias de Guanajuato.
________________________________________
Más de alguna a escuchado que han enterrado gente viva, dile a tus amigos o familiares que si algún día te encuentran muerta, que te entierren una aguja de 30 centímetros en el talón con dirección a la rodilla, si no sangras, estas muerta, pero si sangras… diles que no te entierren….
Les dejo la dirección de la página web para que vean algo de la colección de las momias de Guanajuato, la momia más impactante es la que dio pie a esta historia, ojalá les haya gustado como siempre….
www.momiasdeguanajuato.gob.mx
En esa época, donde no existía la tecnología y ni se pensaba en tener luces eléctricas, José vivía feliz junto a su mujer, pronto tendrían a su primer hijo en pocos días, ya que su pansa estaba tan grande, además la matrona del rural pueblo, ya había pronosticado que en una semana el pequeño nacería. José añoraba tener a su hijo en los brazos, lo imaginaba jugando cerca donde él trabajaba, por que no quería despegarse de él cuando naciera, hasta había pedido permiso al dueño del predio para que lo dejara cuidar a su primogénito, tenía todo previsto, también se preparó comprando un burrito para llevarlo, ya que tendrían un largo camino desde la casa al trabajo y viceversa.
Se hacía de noche y ya era hora de retornar al hogar, José tomó su bolso y emprendió camino, miraba las estrellas pensando en su bebé, todo le parecía hermoso. A lo lejos vio su casa, una luz de vela lo esperaba en la ventana, sabía que su mujer lo esperaba con comida caliente, tenía ganas de volar para estar en un segundo allá. Al abrir la puerta descubrió que su mujer estaba tirada en el suelo con los ojos y la boca abierta, corrió a verla, pero no había signos vitales, estaba devastado, no podía con el dolor, corrió donde un vecino pidiendo ayuda pero ya era demasiado tarde, su mujer y su hijo estaban muertos.
Fue una ceremonia muy triste, José se quedaba completamente solo y con sus sueños completamente rotos, quedó mirando la tumba de su mujer, no encontraba consuelo, se quedó sentada al lado de la tumba, inamovible, todos sus amigos intentaron llevárselo, pero el no quiso, solo miraba el suelo buscando alguna explicación.
No se dio cuenta cuando cayó la noche, no había ni un alma cerca, levantó levemente la cabeza y recibió un viento fresco sobre sus lágrimas, cerró los ojos y sintió un sonido fuerte, abrió de golpe para nuevamente sentir como unos pasos luego unos gritos desgarradores y hasta escuchó su nombre, se acordó de la historia del cementerio y con mucho susto corrió hasta su hogar.
Pasaron muchos años, tantos que José ya caminaba inclinado y su arrugada piel demostraba que sus 90 años no pasaban en vano, él nunca se pudo recuperar de la muerte de su esposa, siempre la visitaba en ese árido cementerio que estaba abandonado, solamente él dejaba flores frescas, todo el pueblo ya no enterraba a sus muertos allí estaba sobrepoblado. Un día escuchó que unos arqueólogos estaban escavando las tumbas en busca de tesoros, con curiosidad fue al cementerio, total si le decían algo el podía explicar que su esposa yacía en ese lugar. Temblorosamente vio como estaban escavando, habló con uno de los trabajadores, él le explicaba que los cuerpos estaban muy bien conservados gracias a lo seco y salado del lugar, los cuerpos servirían para investigaciones.
Ni siquiera advirtió que estaban escavando en la tumba de su mujer, por que estaba distraído con el trabajador que le explicaba que había visto muchos cuerpos los cuales los habían enterrado vivos, se podía deducir por que no estaban en posición de descanso, si no que estaban con sus facciones desfiguradas, brazos y piernas fuera de su lugar, no tenían uñas de tanto rasguñar el ataúd para poder salir. Estaban en eso cuando un excavador llamó al trabajador para que viera lo horroroso de lo descubierto, José al ver que era la tumba de su mujer tembló más aún, caminó despacio detrás del trabador que corría para quedarse pasmado delante del agujero, lentamente el pobre anciano asomó su cabeza y observó lo que se había imaginado.
Las historiad de los pasos eran los golpes de la gente que pedía ayuda para salir y esa noche cuando sintió los golpes, eran de su mujer que había despertado, lo llamaba para que la sacara de la tumba pero él pensando que eran espíritus huyó. Vio a su mujer momificada, con su mandíbula abierta y facciones de gran sufrimiento, entre sus manos y aun unidos con el cordón umbilical un pequeño bebé disecado. Fue tanto el impacto que José murió en ese instante, los arqueólogos después se enteraron que él desgastado anciano fue el esposo de la momia más impactante del Museo de las Momias de Guanajuato.
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Más de alguna a escuchado que han enterrado gente viva, dile a tus amigos o familiares que si algún día te encuentran muerta, que te entierren una aguja de 30 centímetros en el talón con dirección a la rodilla, si no sangras, estas muerta, pero si sangras… diles que no te entierren….
Les dejo la dirección de la página web para que vean algo de la colección de las momias de Guanajuato, la momia más impactante es la que dio pie a esta historia, ojalá les haya gustado como siempre….
www.momiasdeguanajuato.gob.mx
El Cuero
Era un brujo muy conocido en el sector de Rapel, podía sacar empachos y deshacer otras brujerías que hacían mal a la gente. Siempre andaba solo, nunca se le conoció a una mujer, pero muy en el fondo, el estaba perdidamente enamorado de una china, la descubrió casualmente, una noche caminaba por la orilla del lago rapel cuando sintió a una mujer cantar. Se escondió entre los matorrales y descubrió a la criatura más perfecta que había visto, estaba bañándose en el lago, con la luna reflejándose en su húmeda espalda, su cabellera larga y negra y su piel tan blanca como la luna brillante de esa noche. Fue así que todas las noches, oculto entre las malezas, esperaba la joven quien llegaba puntual a las once de la noche para darse su baño entre estrellas y grillos. Quiso hablarle muchas veces pero pensaba que se iba a espantar al verlo salir de entre los largos pastos, así que solo se conformaba con contemplarla.
Así paso mucho tiempo, hasta que conversando con amigos, descubrió que ella era soltera, tenía solo la abuela por que sus padres habían muerto, trabajaba como temporera y era la admiración de todos los huasos del sector, pero nunca daba pie para que alguno se acercara. Varios intentaron abordarla pero nadie le había sacado aunque sea una palabra. En ese momento la vieron pasar con un canasto de frutas y en su pasar las miradas de los hombres se podía sentir en el aire, ella caminaba con la cabeza agachada, y recibiendo los piropos y silbidos de los más osados, algunos solo se inclinaban un poco o se sacaban el sombrero al ver tanta belleza. El brujo se armó de valentía y la siguió hasta su casa. Una vez allí le preguntó si vendía huevos, era lo único que se le ocurrió en el momento, ella solo movió la cabeza dando un no de respuesta. La abuela que estaba sentada en la puerta, conoció al brujo y lo invitó a tomar un mate, era de mala educación no invitar a un brujo por que podía cobrar venganza en alguna ocasión.
Los viejos son sabios y la abuela se había dado cuenta de las intenciones del brujo, con mucho cuidado le dijo que la china ya estaba de novia con un médico santiaguino, que no se hiciera falsas esperanzas por que estaba perdidamente enamorada, el brujo se sintió morir pero se le ocurrió hacer hechizo una noche que fuera al lago a darse su respectivo baño. Tenía todo preparado, quería hacerse pasar por su prometido para poseerla aunque sea una noche, preparó hasta un lugar donde reposar junto a la joven, colocó un cuero de vaca en el suelo con pétalos de flores, tenía vino y frutos para hacer una velada inolvidable, tenía todo preparado y ya se acercaba la hora cuando sintió los pasos de ella, se escondió y espero a que se desvistiera para comenzar a invocar la magia y engañar a la joven.
Estaba en eso cuando sintió otros pasos, rápidamente se tiró al suelo para ver quien se acercaba, era el esperado novio de la chica, había vuelto para encontrarla de sorpresa, entre risas y jugueteos, él se metió al agua con ella para consumar su amor, no se daba cuenta que una mirada de profundo odio e ira estaba por terminar ese momento. El brujo tomó el vino e invocó al que nadie puede nombrar, hizo el peor de los maleficios hasta entregó su alma al diablo con tal de que muera ese hombre que le quitaba su amor platónico.
La noche se volvió más oscura, las estrellas se ennegrecieron, el brujo estaba de rodillas mirando la escena, entre rezos y maleficios el cuero empezó a moverse como una serpiente, sabía que el mismo demonio iba a vengar esa traición que no era tal. El cuero se introdujo al agua, flotando llegó al lado de la pareja de amantes, ellos no se daban cuenta de que el cuero comenzó a envolverlos hasta que los comenzó a apretar y los llevó a las profundidades del lago. El brujo tomó conciencia de lo que había hecho, solo quería matar al hombre y no a su amada, entró al agua para salvarla, nadó un poco y en su aleteo sintió el pelo del cuero, se fijó que lo estaba envolviendo para asfixiarlo y llevarlo al fondo del lago.
Desde entonces se dice que cuando hay luna llena en el lago rapel, se puede ver un cuero nadando sobre el agua, si algún bañista se mete en la noche a darse un chapuzón de seguro que no volverá a tocar tierra.
Así paso mucho tiempo, hasta que conversando con amigos, descubrió que ella era soltera, tenía solo la abuela por que sus padres habían muerto, trabajaba como temporera y era la admiración de todos los huasos del sector, pero nunca daba pie para que alguno se acercara. Varios intentaron abordarla pero nadie le había sacado aunque sea una palabra. En ese momento la vieron pasar con un canasto de frutas y en su pasar las miradas de los hombres se podía sentir en el aire, ella caminaba con la cabeza agachada, y recibiendo los piropos y silbidos de los más osados, algunos solo se inclinaban un poco o se sacaban el sombrero al ver tanta belleza. El brujo se armó de valentía y la siguió hasta su casa. Una vez allí le preguntó si vendía huevos, era lo único que se le ocurrió en el momento, ella solo movió la cabeza dando un no de respuesta. La abuela que estaba sentada en la puerta, conoció al brujo y lo invitó a tomar un mate, era de mala educación no invitar a un brujo por que podía cobrar venganza en alguna ocasión.
Los viejos son sabios y la abuela se había dado cuenta de las intenciones del brujo, con mucho cuidado le dijo que la china ya estaba de novia con un médico santiaguino, que no se hiciera falsas esperanzas por que estaba perdidamente enamorada, el brujo se sintió morir pero se le ocurrió hacer hechizo una noche que fuera al lago a darse su respectivo baño. Tenía todo preparado, quería hacerse pasar por su prometido para poseerla aunque sea una noche, preparó hasta un lugar donde reposar junto a la joven, colocó un cuero de vaca en el suelo con pétalos de flores, tenía vino y frutos para hacer una velada inolvidable, tenía todo preparado y ya se acercaba la hora cuando sintió los pasos de ella, se escondió y espero a que se desvistiera para comenzar a invocar la magia y engañar a la joven.
Estaba en eso cuando sintió otros pasos, rápidamente se tiró al suelo para ver quien se acercaba, era el esperado novio de la chica, había vuelto para encontrarla de sorpresa, entre risas y jugueteos, él se metió al agua con ella para consumar su amor, no se daba cuenta que una mirada de profundo odio e ira estaba por terminar ese momento. El brujo tomó el vino e invocó al que nadie puede nombrar, hizo el peor de los maleficios hasta entregó su alma al diablo con tal de que muera ese hombre que le quitaba su amor platónico.
La noche se volvió más oscura, las estrellas se ennegrecieron, el brujo estaba de rodillas mirando la escena, entre rezos y maleficios el cuero empezó a moverse como una serpiente, sabía que el mismo demonio iba a vengar esa traición que no era tal. El cuero se introdujo al agua, flotando llegó al lado de la pareja de amantes, ellos no se daban cuenta de que el cuero comenzó a envolverlos hasta que los comenzó a apretar y los llevó a las profundidades del lago. El brujo tomó conciencia de lo que había hecho, solo quería matar al hombre y no a su amada, entró al agua para salvarla, nadó un poco y en su aleteo sintió el pelo del cuero, se fijó que lo estaba envolviendo para asfixiarlo y llevarlo al fondo del lago.
Desde entonces se dice que cuando hay luna llena en el lago rapel, se puede ver un cuero nadando sobre el agua, si algún bañista se mete en la noche a darse un chapuzón de seguro que no volverá a tocar tierra.
Niño que llora
Era un cuadro de moda en los años 80, todas las casas de clase media y baja tenían uno en su sala, pero misteriosamente comenzaron a perderse hasta que no existiera ninguno, quizás la razón sea este mito urbano.
Luisa miraba fijamente a ese niño que le corría una lágrima por la mejilla, daba dos pasos a hacia la izquierda sin perder de vista sus ojos y ese niño parecía que la seguía con la mirada, ella volvía a su posición inicial, nuevamente daba dos pasos hacia la derecha para afirmar que el niño no le quitaba los ojos de encima. Le contó a su madre que ese niño le daba miedo, pero la madre no le creía mucho, aunque sin decir nada toda la familia sentía lo mismo, es pintura los observaba día y noche silenciosamente y cada vez que se apagaba la luz se podía sentir un frio que recorría la espalda al ver el cuadro a oscuras.
Una noche el padre de Luisa llegó borracho, tropezándose con cuanta cosa aparecía en su camino hasta que sin querer se vio enfrentado a ese cuadro, lo miro fijo y es su ebriedad comenzó hablarle – que miras tanto pendejo… te voy a sacar de acá para que no andes todo el día llorando- la familia al escuchar al papá se levantó para ver lo que pasaba, luisa iba detrás de su madre, el padre seguía tirándole chuchadas al cuadro, la mujer le repetía que se fuera a dormir pero el hombre no hacía caso. De un zarpazo sacó el cuadro botándolo al suelo, pero quedó volteado, en ese momento se apagó la luz y con consternación se fijaron que la figura del niño desaparecía para entregar un diabólico dibujo, espantados gritaron y el padre pateó el cuadro para dejarlo tirado sin mostrar esa espeluznante imagen, al pobre hombre se le pasó hasta la curadera con el susto, guardaron el cuadro en un ropero para botarlo en mañana.
Esa misma noche en extrañas circunstancias la casa se incendió, solo quedó Luisa para dar el testimonio y advertir sobre la maldición de ese cuadro. Como una plaga en las casas que tenían el cuadro comenzó a ocurrir sucesos desafortunados, en todas las casas sin excepción tenían calamidades, y los más valientes decían que en la noche de San Juan había que dar vuelta el cuadro para invocar al demonio. La maldición del niño que llora recorría Chile entero.
Luisa miraba fijamente a ese niño que le corría una lágrima por la mejilla, daba dos pasos a hacia la izquierda sin perder de vista sus ojos y ese niño parecía que la seguía con la mirada, ella volvía a su posición inicial, nuevamente daba dos pasos hacia la derecha para afirmar que el niño no le quitaba los ojos de encima. Le contó a su madre que ese niño le daba miedo, pero la madre no le creía mucho, aunque sin decir nada toda la familia sentía lo mismo, es pintura los observaba día y noche silenciosamente y cada vez que se apagaba la luz se podía sentir un frio que recorría la espalda al ver el cuadro a oscuras.
Una noche el padre de Luisa llegó borracho, tropezándose con cuanta cosa aparecía en su camino hasta que sin querer se vio enfrentado a ese cuadro, lo miro fijo y es su ebriedad comenzó hablarle – que miras tanto pendejo… te voy a sacar de acá para que no andes todo el día llorando- la familia al escuchar al papá se levantó para ver lo que pasaba, luisa iba detrás de su madre, el padre seguía tirándole chuchadas al cuadro, la mujer le repetía que se fuera a dormir pero el hombre no hacía caso. De un zarpazo sacó el cuadro botándolo al suelo, pero quedó volteado, en ese momento se apagó la luz y con consternación se fijaron que la figura del niño desaparecía para entregar un diabólico dibujo, espantados gritaron y el padre pateó el cuadro para dejarlo tirado sin mostrar esa espeluznante imagen, al pobre hombre se le pasó hasta la curadera con el susto, guardaron el cuadro en un ropero para botarlo en mañana.
Esa misma noche en extrañas circunstancias la casa se incendió, solo quedó Luisa para dar el testimonio y advertir sobre la maldición de ese cuadro. Como una plaga en las casas que tenían el cuadro comenzó a ocurrir sucesos desafortunados, en todas las casas sin excepción tenían calamidades, y los más valientes decían que en la noche de San Juan había que dar vuelta el cuadro para invocar al demonio. La maldición del niño que llora recorría Chile entero.
jueves, 19 de mayo de 2011
Lo que queda
Estaba feliz con su nueva adquisición, era una casa enorme llena de lujos y detalles que podía costear fácilmente, era su sueño vivir en una casona antigua y con amplias salas perfectas para guardar acomodar su piano y ensayar. La decoró a su gusto, intentó dejarla lo más acogedor posible para que sus futuros invitados se sintieran como en casa cuando se quedaran alojar.
Ya terminada la tarea de ordenar, y dejar todo perfecto comenzó a disfrutar su nuevo hogar y para celebrarse su gran logro comenzó a tocar el piano apasionadamente, hasta que sintió un golpe en el segundo piso, se detuvo y fue a mirar, (para variar) no había nada extraño y volvió a su arte, inspirado y absorto en su ejecución nuevamente sintió un golpe pero le siguieron cinco golpes consecutivos, nuevamente fue a mirar y al subir la escalera vio bajar una pequeña pelota, era eso lo que emitía los sonidos , la tomó y se fijó que era una pelota algo vieja, revisó las habitaciones para averiguar de donde había salido la pelota y no había nada.
Volvió sin mayores preocupaciones, dejó la pelota sobre una mesa y continuó tocando, pero extrañamente sintió el golpe, los cinco golpes, fue a mirar y era la pelota que venía bajando por la escalera, giró su cuerpo para buscar la pelota sobre la mesa pero no estaba. Furioso agarró la pelota y la tiró al patio. Se sentía tan enojado que iba a tomar un trago cuando frente a sus pies y rodando apareció la mentada pelotita. Estaba enfurecido, agarró la pelota subió al auto y en el trayecto encontró un río la aventó con todas sus fuerzas y maldijo en todas sus letras. Ya más tranquilo y al volver a la casa, abrió la puerta pensando en la tontera que había hecho cuando vio con los como la pelota bajaba las escaleras toda mojada. No lo podía creer.
Llamó a una amiga que le gusta mucho las cosas esotéricas y los fantasmas (no se llamaba Karen a todo esto…) y ella entusiasmada con lo que le había contado fue con unas amigas para invocar al juguetón espíritu. Al llegar prepararon todo, comenzaron a invocar a esa alma perdida pero incuso antes de concentrarse se sintió en el segundo piso un golpe seco y fuerte, tanto que remeció hasta los vidrios, todas quedaron pasmadas pero quisieron seguir para saber qué entidad era lo que estaba tan inquiera en esa casa.
Tomados todos de la mano preguntaron el nombre de quién estaba habitando allí, pero no escuchaban nada hasta que al medio de la mesa cayó una gota de sangre, al mirar hacia arriba vieron escrito con sangre el nombre Sofía. Algunas gritaron, pero la más sabia decía que se quedaran tranquilas, tenían que hacer descansar esa alma, le preguntaron qué le había pasado, la casa empezó a crujir, se sintieron gritos y golpes nuevamente en el segundo piso, la mujer cada preguntaba más fuerte -¿qué te ocurrió?- y cada respuesta eran más gritos y golpes en el segundo piso, las ventanas y puertas temblaban al igual que ellos. Decidieron subir para saber lo que estaba ocurriendo. Cada peldaño se subían se sentía más fuerte los golpes a una mujer, se escuchaba cada vez más nítido lo que decía, de pronto el dueño de la casa grito que miraran hacia abajo, el piso estaba inundándose de sangre, ya no había marcha atrás tenían que subir a como de lugar.
Se podía oír que la mujer gritaba que no le mataran a su hijo, suplicaba con mucha fuerza, la más valientes de las mujeres fue corriendo, todas las puertas del pasillo estaban cerradas y una abierta, era de donde provenían todas esas manifestaciones paranormales, corrió para mirar, pero a penas se acercó fue atacada sin piedad, no se veía el agresor. Todas, incluyendo el dueño de casa vieron como su cara se iba desfigurando por el dolor. Fueron en su ayuda lentamente para que el espectro no los viera, mientras atendían a la herida, una de ella miró hacia la habitación y observó todo lo que había sucedido.
Se veía un hombre corpulento arrojar a la pared a un pequeño niño, una madre trataba de defenderlo pero era igualmente castigada, era tal el nivel de violencia que la observadora intentó ir en su ayuda, al pasar el umbral de la puerta toda la acción se realizaba en cámara lenta, se veía el hombre que tomaba al niño y lo levantaba para azotarlo nuevamente en la pared, la madre estaba inconsciente en el suelo, la mujer intentó agarrar el brazo del hombre y escuchó la voz del pequeño niño que le decía – esto tiene que ocurrir-, como por arte de magia todo volvió a la normalidad, no había sangre, no había niño, no había nada. A la mujer herida la llevaron de urgencia, según el parte médico se golpeo la cabeza al caer, pero no tenía nada más.
Ya al otro día, las demás con el dueño de la casa hicieron una misa para el descanso de esos espectros, estaban en eso cuando llegó un hombre viejo, era el antiguo dueño de la casona, le dijo al pianista que se había enterado de lo ocurrido y que lo lamentaba mucho, hasta le ofreció devolverle el dinero ya que sabía que nadie nunca podría habitar esa vieja casa y la iba a demoler para que la triste historia de su familia no se vuelva a repetir. El pianista le preguntó que había ocurrido y el viejo le contó que hace muchos años, su tío se había suicidado por que su esposa se había llevado a su hijo, pero la verdad la encontró entre los tesoros de la familia una antigua carta de su tío donde decía lo que había hecho y el motivo de su suicidio. Lamentablemente se enteró que su hijo amado no era de él, eso lo enloqueció, mató a su esposa y al bastardo, eso nunca nadie lo supo hasta la noche anterior quería demoler la casa para dar cristiana sepultura a la mujer y al pequeño que no tenía la culpa y que por fin, descansaran en paz.
Ya terminada la tarea de ordenar, y dejar todo perfecto comenzó a disfrutar su nuevo hogar y para celebrarse su gran logro comenzó a tocar el piano apasionadamente, hasta que sintió un golpe en el segundo piso, se detuvo y fue a mirar, (para variar) no había nada extraño y volvió a su arte, inspirado y absorto en su ejecución nuevamente sintió un golpe pero le siguieron cinco golpes consecutivos, nuevamente fue a mirar y al subir la escalera vio bajar una pequeña pelota, era eso lo que emitía los sonidos , la tomó y se fijó que era una pelota algo vieja, revisó las habitaciones para averiguar de donde había salido la pelota y no había nada.
Volvió sin mayores preocupaciones, dejó la pelota sobre una mesa y continuó tocando, pero extrañamente sintió el golpe, los cinco golpes, fue a mirar y era la pelota que venía bajando por la escalera, giró su cuerpo para buscar la pelota sobre la mesa pero no estaba. Furioso agarró la pelota y la tiró al patio. Se sentía tan enojado que iba a tomar un trago cuando frente a sus pies y rodando apareció la mentada pelotita. Estaba enfurecido, agarró la pelota subió al auto y en el trayecto encontró un río la aventó con todas sus fuerzas y maldijo en todas sus letras. Ya más tranquilo y al volver a la casa, abrió la puerta pensando en la tontera que había hecho cuando vio con los como la pelota bajaba las escaleras toda mojada. No lo podía creer.
Llamó a una amiga que le gusta mucho las cosas esotéricas y los fantasmas (no se llamaba Karen a todo esto…) y ella entusiasmada con lo que le había contado fue con unas amigas para invocar al juguetón espíritu. Al llegar prepararon todo, comenzaron a invocar a esa alma perdida pero incuso antes de concentrarse se sintió en el segundo piso un golpe seco y fuerte, tanto que remeció hasta los vidrios, todas quedaron pasmadas pero quisieron seguir para saber qué entidad era lo que estaba tan inquiera en esa casa.
Tomados todos de la mano preguntaron el nombre de quién estaba habitando allí, pero no escuchaban nada hasta que al medio de la mesa cayó una gota de sangre, al mirar hacia arriba vieron escrito con sangre el nombre Sofía. Algunas gritaron, pero la más sabia decía que se quedaran tranquilas, tenían que hacer descansar esa alma, le preguntaron qué le había pasado, la casa empezó a crujir, se sintieron gritos y golpes nuevamente en el segundo piso, la mujer cada preguntaba más fuerte -¿qué te ocurrió?- y cada respuesta eran más gritos y golpes en el segundo piso, las ventanas y puertas temblaban al igual que ellos. Decidieron subir para saber lo que estaba ocurriendo. Cada peldaño se subían se sentía más fuerte los golpes a una mujer, se escuchaba cada vez más nítido lo que decía, de pronto el dueño de la casa grito que miraran hacia abajo, el piso estaba inundándose de sangre, ya no había marcha atrás tenían que subir a como de lugar.
Se podía oír que la mujer gritaba que no le mataran a su hijo, suplicaba con mucha fuerza, la más valientes de las mujeres fue corriendo, todas las puertas del pasillo estaban cerradas y una abierta, era de donde provenían todas esas manifestaciones paranormales, corrió para mirar, pero a penas se acercó fue atacada sin piedad, no se veía el agresor. Todas, incluyendo el dueño de casa vieron como su cara se iba desfigurando por el dolor. Fueron en su ayuda lentamente para que el espectro no los viera, mientras atendían a la herida, una de ella miró hacia la habitación y observó todo lo que había sucedido.
Se veía un hombre corpulento arrojar a la pared a un pequeño niño, una madre trataba de defenderlo pero era igualmente castigada, era tal el nivel de violencia que la observadora intentó ir en su ayuda, al pasar el umbral de la puerta toda la acción se realizaba en cámara lenta, se veía el hombre que tomaba al niño y lo levantaba para azotarlo nuevamente en la pared, la madre estaba inconsciente en el suelo, la mujer intentó agarrar el brazo del hombre y escuchó la voz del pequeño niño que le decía – esto tiene que ocurrir-, como por arte de magia todo volvió a la normalidad, no había sangre, no había niño, no había nada. A la mujer herida la llevaron de urgencia, según el parte médico se golpeo la cabeza al caer, pero no tenía nada más.
Ya al otro día, las demás con el dueño de la casa hicieron una misa para el descanso de esos espectros, estaban en eso cuando llegó un hombre viejo, era el antiguo dueño de la casona, le dijo al pianista que se había enterado de lo ocurrido y que lo lamentaba mucho, hasta le ofreció devolverle el dinero ya que sabía que nadie nunca podría habitar esa vieja casa y la iba a demoler para que la triste historia de su familia no se vuelva a repetir. El pianista le preguntó que había ocurrido y el viejo le contó que hace muchos años, su tío se había suicidado por que su esposa se había llevado a su hijo, pero la verdad la encontró entre los tesoros de la familia una antigua carta de su tío donde decía lo que había hecho y el motivo de su suicidio. Lamentablemente se enteró que su hijo amado no era de él, eso lo enloqueció, mató a su esposa y al bastardo, eso nunca nadie lo supo hasta la noche anterior quería demoler la casa para dar cristiana sepultura a la mujer y al pequeño que no tenía la culpa y que por fin, descansaran en paz.
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